Edición No. 1243. Quibdó, noviembre 22 a 28 de 2019

Bojayá duerme con miedo e incertidumbre

Giovanni Agudelo Mancera

Apenas entierran sus muertos en Bojayá y ya se vislumbra un futuro inmediato preocupante el cual debemos evitar a toda costa para mañana no lamentar.

Organizaciones y mesas de participación ciudadana enviaron una carta al presidente Iván Duque denunciando amenazas en este municipio del Chocó:

El comunicado firmado por la Diócesis de Quibdó, el Foro Interétnico Solidaridad Chocó, Fedeorewa, Cocomacia y la Mesa Indígena del Chocó, alerta sobre la presencia de grupos armados, bandas criminales, como el ELN, paramilitares y el aumento de cultivos de coca y marihuana.

Dice la carta que la violencia se genera por el afán del control territorial por parte de esos ilegales y que también se ha incrementado el reclutamiento forzado de menores de edad, la instalación de minas antipersonales y los asesinatos y señalamientos a líderes, lideresas y autoridades étnicas.

Parece que la tragedia sufrida por Bojayá el 2 de mayo de 2002 fuera parte de una saga que anuncia su segunda parte ante la indiferencia y la mirada atónita del espectador, en este caso, el gobierno central y la sociedad en general.

Recordemos que en días pasados la Defensoría del Pueblo informó que al menos 2.250 habitantes de comunidades negras e indígenas de Bojayá están sufriendo una situación de confinamiento debido a la confrontación armada entre el Eln y el ‘Clan del Golfo’, que se disputan el territorio que dejaron las Farc.

El comunicado termina con una impactante súplica:

“Le insistimos, señor Presidente, que busque los mecanismos para que estos hechos no se repitan nunca más”.

El representante en Colombia de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Alberto Brunori, le exigió al gobierno colombiano:

“Animamos al Estado colombiano a mantener esta dinámica con el pueblo bojayaceño, que hoy necesita protección frente a los retos que imponen nuevos actores armados ilegales que están en el territorio”.

Como chocoanos debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestros hermanos de Bojayá no sufran de nuevo una masacre anunciada.

Ochenta cofres con los restos de sus familiares debieran ser suficientes para cerrar ese amargo capítulo de su historia como municipio, pero Bojayá grita en silencio que no la abandonen de nuevo y que por fin un mañana de paz llegue ya.

De las ruinas de la Iglesia de Bojayá fue rescatado el Cristo Mutilado o Cristo Negro de Bojayá, y el Papa Francisco, en 2017, besándolo, en medio de lágrimas, pidió a los colombianos no tener “temor a pedir y a ofrecer el perdón”.

Hagamos algo por Bojayá, ¡pero pronto!