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 EDITORIAL

Un censo amañado y perverso

Grandes preocupaciones rondan en la mente de los
chocoanos por los resultados del último censo na
cional de población y vivienda, realizado por el Dane.

Los antecedentes de las actitudes del gobierno de Uribe permiten visualizar que ha ocurrido una desinformación y distorsión de la realidad, para lograr el cometido de concentrar mayores recursos en el ejecutivo central y, en consecuencia, mayor poder político.

El régimen uribista ha ocultado la verdad en los casos del "fuego amigo" entre militares y policías, en el trámite del cuestionado Tratado de Libre Comercio (TLC), en las relaciones de miembros de su bancada con grupos paramilitares, en el tráfico de votos con prebendas burocráticas en el congreso de la República.

Pero donde más claro se observa el fenómeno es en el manejo de la estadística para manipular la opinión pública.

Quien se atreva a desmentir las cifras oficiales es considerado antipatriota y en el caso de que la fuente sea un funcionarios público sufrirá las inmediatas consecuencias.

Basta sólo recordar la suerte corrida por el anterior director del Dane, César Augusto Caballero, quien fue destituido fulminantemente por haber publicado una encuesta donde se mostraba el crecimiento del sentimiento de inseguridad en la población urbana de nuestro país.

Caballero, quien había diseñado el censo de población, fue reemplazado por Ernesto Rojas Morales, funcionario de bolsillo, que de inmediato se lanzó a la tarea de desmontar la estructura de su antecesor con el objeto de impedir que los resultados arrojaran la población proyectada de 45 millones de habitantes en Colombia.

Hoy, ya publicados los datos del censo poblacional de Uribe y Rojas Morales, quedó claro que se alteraron las cifras y se manipuló la opinión, medio eficaz para mantenerse en el poder, al mejor estilo de Adolfo Hitler y su ministro de propaganda, Joseph Paul Goebbels, en el apogeo del fascismo alemán.

Y a fe que Uribe y su régimen cumplieron su cometido. El censo de población de 2005 es un disparate. Hay quejas y reclamos de barrios enteros de ciudades capitales que dicen no haber sido censados.

El alcalde de Cúcuta ha levantado su voz de protesta y ha expresado que su administración realizará un censo real de población el próximo año.

En fin, según el censo del 2005, Colombia tiene aproximadamente tres millones de habitantes menos de las proyectados con base en el único censo aprobado de 1985.

La situación es tan irregular y absurda que el censo de Uribe y Morales arrojó solo 17 habitantes en la cabecera municipal del Medio Baudó; solo 290 habitantes en Beté, cabecera de Medio Atrato; solo 191 habitantes en Andagoya, cabecera de Medio San Juan, y solo 974 personas en la cabecera de San José del Palmar.

De conformidad con la ley 60 de 1993, modificada por el acto legislativo Nº 01 de 2001, el factor principal en la fórmula para definir las transferencias a los entes territoriales es la población.

Si esta disminuye, la consecuencia es que se reducirán los ingresos de los entes territoriales (departamentos y municipios), se afectará aún más la descentralización y se aumentarán los recursos a disposición del Presidente, favoreciendo el absolutismo y la hegemonía del poder ejecutivo central.

Dada nuestra conocida crisis fiscal e institucional, el pueblo chocoano no le perdonaría a sus representantes en el congreso que decidieran votar a favor la aprobación del censo uribista del 2005, que lesiona enormemente los intereses comarcanos.

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