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 EDITORIAL

La biodiversidad por un puesto

Hace varios meses la embajadora de Colom- bia en Washington, Carolina Barco, viajó a Bogotá con un memorando donde planteaba que los congresistas norteamericanos del Black Caucus supeditaban su voto afirmativo al Tratado de Libre Comercio (TLC) al nombramiento de un afrocolombiano en la cúpula estatal, entre otros puntos.

Luego el asunto se repitió en la reunión de varios congresistas de la "bancada afrocolombiana" en la UTCH y en la visita a Quibdó del Representante Payne.

El pasado 25 de enero, en entrevista concedida a la emisora Ecos del Atrato, el Presidente Uribe expresó su conformidad con el libreto de Washington al anunciar que "los compatriotas afrodescendientes van a tener una importante representación política en mi gobierno".

Y ahora el asunto fue reiterado por el Representante Edgar Ulises Torres al regreso de su último viaje a Washington, intentando venderlo a la opinion chocoana como un importante logro.

En nuestro concepto, intercambiar el respaldo al TLC por un alto puesto en el gobierno de Uribe constituye un malísimo negocio, peor que el trueque de oro por espejos y abalorios que hacían los indígenas con Cristóbal Colón.

Además de someter a Colombia en todos los órdenes a los dictámenes de las trasnacionales de los Estados Unidos, de aplastar la producción agrícola e industrial colombiana, de elevar los precios de los medicamentos y los servicios públicos, y acabar con la soberanía jurídica, Estados Unidos a través del TLC obliga a Colombia a patentar las plantas, una argucia legal para apoderarse de los recursos de la biodiversidad.

La biodiversidad colombiana, en especial la existente en el bosque tropical, es una de las mas ricas del mundo, fuente de la industria biotecnológica que se posiciona como la mas promisoria en el siglo XXI.

Con el TLC, en el marco de la propiedad intelectual y utilizando el poderoso instrumento de las patentes, las trasnacionales se apoderarán de manera irremisible de la flora del Chocó, tal vez lo poco que nos queda, luego del saqueo del oro y del platino, de la fauna, de la madera, y de la liquidación de nuestras entidades públicas y territoriales.

Regalar la flora chocoana por un puesto de ministro o viceministro, u otro alto cargo en la cúpula estatal, solo serviría a los intereses de los Estados Unidos y de la panda uribista que ejecuta una política antipopular.

Quedaría Estados Unidos como dueño de la biodiversidad. Quedaría el gobierno de Uribe como "generoso" ante los afrodescendientes.

Y quedaría el Chocó con el ominoso pecado de respaldar o hacer parte de un gobierno que recorta las transferencias a departamentos y municipios para salud y educación, entrega los recursos naturales al capital extranjero, aumenta los impuestos, acrecienta el empleo y la pobreza, privatiza la salud, los bosques, el agua y los páramos.

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