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Historia de un general negro (I)

Por Armando Mosquera Aguilar

Washington, D.C. USA.

armandomos@yahoo.com

Después del pavoroso incendio de octubre de 1966, Oscar Palomeque, Nicolás Rodríguez (Mi Casita) y yo, fuimos becados en el Colegio Refous de Bogotá, institución de secundaria de la élite de la capital.

El año anterior un grupo de profesores y estudiantes de ese colegio habían estado Quibdó y se hospedaron en el Colegio Carrasquilla, donde yo les serví de guía. Al enterarse del siniestro ocurrido y el mismo dia que los visitamos, nos pidieron que, salón por salón, narráramos lo acontecido en todos los salones.

La disertación la iniciamos a las 10:30 de la mañana en primaria; rematando en los superiores, quinto y sexto de bachillerato. Cuando el reloj marcaba las cuatro de la tarde vino la sorpresa: los padres de familia y los profesores decidieron becarnos, aportándonos estudio, vivienda, ropa, comida, y transporte aéreo a Quibdó en vacaciones. Primero nos instalaron en el Hotel Picasso de Bogotá, de propiedad de un padre de familia; luego rentaron un apartamento en el entonces municipio de Suba, cerca al colegio.

Pero el año siguiente, 1967, cosas del destino o la rebeldía que corría por nuestra sangre, armamos una batalla campal con unos habitantes de Suba por lanzarnos expresiones racistas, que al final arrojó un saldo de tres heridos con moretones en sus rostros y en diferentes partes del cuerpo. Nos alejamos de Suba por temor a represalias y no volvimos al colegio, desaprovechando la oportunidad de graduarnos en el mismo sitio que lo hicieron Andrés Pastrana, Samuel Moreno Rojas, Ernesto y Daniel Samper Pizano y Enrique Peñalosa.

Un negro que parecía chocoano

Nicolás Rodríguez era buen guitarrista y se dedicó a la música. Oscar Palomeque ingresó al ejército y luego a la policía; hoy es abogado y vive en Barranquilla. Yo terminé bachillerato en el gimnasio académico de Bogotá, donde conocí a un negro alto, fornido, de pelo duro y labios y nariz gruesos. Era José Tomás Moore, jefe nacional de educación media. Yo creía que era chocoano, porque antes de salir de mi terruño, estaba convencido que esa calidad de prototipo solo se daba en el Chocó, y no podía aceptar que fuese samario. De allí siempre había escuchado que los negros eran de pelo liso o suave, aunque mas adelante me tranquilicé cuando me enteré que aquel personaje estaba casado con una chocoana, Carmen Dorila Perea Córdoba.

Aquel hombre me llamó tanto la atención, que me acerqué a estrecharle la mano. Para mí era un gran honor ver que un negro era el jefe de secundaria de toda Colombia. Directamente me dijo: –Tú eres chocoano, ¿qué piensas estudiar?

–Estoy inscrito en la Escuela General Santander, quiero ser oficial de Policía.

–Eso no sirve, estudia cualquier carrera en la universidad y te consigo una beca.

Pasé el examen de admisión en la Escuela de Cadetes pero no me llegó a tiempo un dinero para el ingreso. Fui al Ministerio de Educación a buscar al doctor Moore, quien se alegró de mi cambio de decisión. Me presenté en la Universidad La Gran Colombia y me tocó en el mismo salón con Miguel Moya, Alirio Londoño (Chandú), Lucho Maturana (hermano de Clímaco), Alirio 'El Cojo' Mosquera de Istmina y Januario Lozano (q.e.p.d.), quien después se pasó a la Universidad Libre.

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