Chocó 7 días
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EDITORIAL Ir a la raíz del problema, no a las ramas La
denuncia del Defensor del Pueblo, Volmer Pérez, sobre la muerte de niños
indígenas por desnutrición La acusación cayó como un baldado de agua fría en el gobierno nacional y opacó la presentación con bombos y platillos de un informe, basado en trucos estadísticos, sobre la supuesta reducción de la pobreza en doce ciudades del país. Ante la incontrovertible realidad del hambre y la muerte de la población chocoana el gobierno nacional ha buscado ocultar su responsabilidad argumentando que la raíz del problema estriba en la corrupción del gobierno departamental y de los alcaldes, anunciando la intervención y centralización del mayor número de entidades, y aumentando los programas asistenciales de familias en acción, desayunos escolares, guardabosques. Ninguna persona sensata niega la corrupción existente en los sectores público y privado del Chocó, hija y reflejo de la corrupción en los sectores público y privado del resto del país. Y nadie con sindéresis puede ocultar el hambre, la desnutrición y la muerte de colombianos en ciudades y villorrios de todo el país, incluyendo las calles vecinas de la Presidencia de la República y las principales avenidas de Bogotá o Medellín. La raíz fundamental del problema está en la naturaleza de las políticas oficiales centrales, dirigidas a favorecer a las multinacionales extranjeras y a un reducido número de intermediarios y banqueros, a desproteger la producción y población nacionales, a privatizar y convertir en un vil y mortífero negocio la salud, la educación, los servicios públicos, el agua que requerimos para vivir y hasta las plantas de la naturaleza, a liquidar entidades acrecentando el desempleo y la miseria, a recortar las transferencias a departamentos y municipios para salud, educación y saneamiento básico. El gobierno nacional liquida el Seguro Social, desmantela sus apropiadas instalaciones en Quibdó, y ante el escándalo corre a dotarlo en forma provisional ("hospital de guerra"). Crece el hambre, la muerte y la desolación en la extensa geografía chocoana. Decenas de miles de indígenas chocoanos agonizan en vida chupando magros cañutos en las horas de mañana, y masticando cuatro o cinco primitivos con sal o trozos de achín o rascadera en la tarde. Otros centenares de miles sufren día a día desayunando sorbos de aguapanela con plátano cocido y consumiendo como almuerzo-cena un poco de arroz o sopa de fideos con aguapanela. El consumo de carne, verduras y leche es mínimo en el Chocó, donde es ínfimo el número de familias que tienen posibilidades de tres comidas nutritivas el día. Con el rostro desencajado y al borde de la locura, incontables hombres y mujeres cabezas de familia, desempleados, golpeados por el llanto de sus hijos hambrientos, llegan a diario a las oficinas de Bienestar Familiar en el Chocó a suplicar unas libras de bienestarina. La labor del ICBF y de los demás programas asistenciales no deja de ser un pobre paliativo, una pequeña gota, frente al inmenso océano y el amplio drama de las necesidades básicas insatisfechas de la comunidad chocoana. Crece el hambre, la muerte y la desolación. Crece la inconformidad con los gobiernos nacional, regional y locales, responsables todos de la tragedia del pueblo y de la corrupción imperante. Crece el hálito, el valor y la decisión de cambio en la extensa geografía chocoana. |
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