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 EDITORIAL

Anti corrupción como táctica de engaño

Las denuncias sobre la muerte por hambre de la población chocoana dejaron al desnudo el estrepitoso fracaso de los cinco años del gobierno de Uribe Vélez. Las cifras distorsionadas, las encuestas amañadas y la manipulación de la opinión nacional a través de medios informativos serviles quedaron pulverizadas ante la incontrovertible realidad de un gobierno cuyas políticas centrales engordan a una minoría intermediaria de Washington y asfixian y matan a la mayoría de la población.

De inmediato, y para evitar que aflore la verdad completa del hambre y la tragedia en todos los rincones del país y se extienda una ola nacional de inconformidad, la claque uribista del Palacio de Nariño diseñó una táctica distractora para salir del trance, engatusar incautos y llevar a la opinión a un nuevo engaño. Al unísono, Presidente, Vicepresidente, ministros, contralor, procurador, fiscal y sus periodistas a sueldo, cantan el mismo sonsonete venenoso: El hambre es solo del Chocó, es causada por los corruptos locales, y en ella y con ellos el gobierno nacional nada tiene que ver.

Y circo, como en la antigua Roma, a falta de pan. El líder "anticorrupción" Francisco Santos, tras cinco años de certificar "mejorías" en la gobernación y en las alcaldías chocoanas, se limpió las gafas, cambió de opinión y proclamó que la corrupción chocoana era una vergüenza mundial. El fiscal Iguarán, que pidió perdón por la contratación irregular de un brujo, insensible y ausente hasta ahora de los robos al erario en la región, rotuló de homicidas a los peculadores chocoanos y amenazó a sus subalternos que no profieran detenciones a granel.

El procurador Maya Villazón, entre los palos por su ceguera ante la corrupción parapolítica de sus familiares y paisanos, con escasas y leves sanciones a funcionarios chocoanos, vociferó que en el departamento nadie está en condiciones de manejar recursos.

El contralor Turbay Quintero, que por sus escritorios y funcionarios pasan los elefantes del saqueo a los dineros del pueblo, anunció a última hora con bombos y platillo "cuerpos élite" de investigación.

Es claro que está podrido hasta los tuétanos el aparato institucional del Chocó. Detrás de toda erogación va una coima, un documento falso, un servicio no prestado, un suministro no entregado, un contratista venal, un tinterillo inescrupuloso, un juez infectado, un archivo destruido.

Toda esta podredumbre regional está unida con cordones umbilicales y es extensión de la podredumbre nacional. Un alcalde roba con un cómplice en la DIAN, en un ministerio, en un organismo "de control" o en la alta gerencia de un banco. Funcionarios interventores enviados desde Bogotá arrasan con los recursos, como ha ocurrido en Dasalud, Electrificadora, EPQ y UTCH. Contratistas forasteros toman las de Villadiego y dejan las obras a medio camino, como en el sector Yuto-Cértegui, o ejecutan esperpentos como el Plan 2500.

Claro que la comunidad desea castigo para los ladrones del presupuesto. Que sean acusados, juzgados y condenados, con toda la seriedad y las garantías procesales, y no como algo pasajero y teatral.

Que la lucha contra la corrupción no estigmatice a un pueblo de honor, que se ha sacrificado durante cinco siglos y solo ha recibido látigo y humillaciones de los grupos hipócritas dominantes.

Que la anticorrupción no sea una comedia o una táctica de engaño para acrecentar los males, aumentar los despidos y el desempleo, privatizar lo poco que queda de lo público, aplicar peores políticas neoliberales o desintegrar al Chocó.

Si el curso de los hechos devela siniestros propósitos tras la melodía almibarada de la anticorrupción, estaremos dispuestos, como siempre, a colocar nuestro grano de arena en la lucha por la salvación y la dignidad del Chocó.

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