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 EDITORIAL

Clientelismo presidencial

Cada vez que es enjuiciado por la gravísima y creciente situación de empobrecimiento de la población del Chocó o del resto del país, el Presidente de la República acude como un autómata al sonsonete del programa Familias en Acción, al que le atribuye poderes milagrosos. Igual ocurre en los sainetes sabatinos, o cuando es entrevistado por promesas incumplidas o por temas frente a los cuales no tiene respuesta.

Día tras día, en todos los medios, durante cinco años continuos, Uribe Vélez ha repetido que su gobierno no es militarista, que es de corte "social" y que la prueba es el programa Familias en Acción.

En concreto, este programa entrega a las familias mas pobres subsidios mensuales de 14.000 pesos por estudiante en primaria, 28.000 pesos por estudiante de secundaria y 46.000 para salud del núcleo familiar.

Familias en Acción no es un programa original del gobierno de Uribe Vélez. Desde 1991, el Banco Mundial exigió la creación de una "red de protección social" en todo país que solicite empréstitos, como dádivas para evitar la explosión de la inconformidad social. En México se denomina Progresa, en Honduras Praf II, en Nicaragua Red, en Brasil Bolsa Escola y Peti, etc, todos ellos impulsados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Son tan grandes los estragos causados por las políticas neoliberales privatizadoras, tan inmenso el desempleo, tan generalizada la bancarrota y la miseria en América Latina, que sus autores temen un levantamiento popular y promueven a través de redes asistencialistas la entrega de unos pocos centavos para congelar la rebeldía social, doblegar aún más la mente del pueblo, aumentar su dependencia del poder estatal y chantajearlo en épocas electorales.

Neoliberalismo, pobreza, clientelismo y corrupción son eslabones de la misma cadena. El clientelismo se nutre de la indigencia.

En las pasadas campañas de congreso y presidente, en todas las regiones del Chocó los caciques uribistas amonestaron a los menesterosos y los llamaron al orden, so pena de perder los subsidios de Familias en Acción. Las condiciones oprobiosas de la mayoría de los chocoanos los arrastran a las meses electorales a cambiar su independencia política por miserables subsidios de Familias en Acción, tarjetas de Sisben, atención a adultos mayores, familias guardabosques, familias guardagolfo u órdenes de servicio.

Este clientelismo es una forma aberrante de corrupción que coloca en desigualdad y desventaja a las fuerzas de oposición y, en un círculo vicioso, reelige a quienes aplican de nuevo políticas que generan mayor pobreza y más clientelismo, ad infinitum. Lejos de acabar con la pobreza, Familias en Acción y programas similares reproducen y perpetúan la miseria, no representan mas que un trozo de queso en la trampa caza ratones y niegan verdaderas políticas de desarrollo económico y social.

Si se analiza a fondo el asunto puede concluirse que Familias en Acción representa el fracaso estruendoso de las clases dominantes en el manejo del Estado y su renuncia vergonzante al progreso industrial y a la dignidad nacional.

El medio millón de colombianos que superviven de manera trágica en el Chocó exigen del Estado empleo estable y bien remunerado, no limosnas degradantes de la época feudal. Exigen auténtica democracia y derechos políticos plenos, no gavillas sumisas e infrahumanas de clientelas dependientes del Palacio Presidencial.

Familias en Acción es un indignante programa contrario a una sociedad civilizada, muestra del clientelismo y la corrupción estatal. Las decenas de miles de chocoanas y chocoanos que hoy se ven impelidos por sus necesidades a formar parte del programa Familias en Acción en el fondo de su corazón aspiran a una nueva sociedad donde no sean limosneros, donde puedan desarrollar sus potencialidades, elevar su educación y cultura, tener un trabajo digno y realizarse plenamente como seres humanos.

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