Chocó 7 días
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EDITORIAL Son justas las protestas de la UTCH y del magisterio En el actual sombrío panorama chocoano, donde agoniza y muere la casi totalidad de las instituciones, la Universidad Tecnológica del Chocó se ha constituido en promisoria excepción. Parida al calor del mas noble y elevado sentimiento chocoanista, amamantada en principio por un grupo de visionarios altruistas e impulsada luego por el paro cívico de 1987, la UTCH ha avanzado con vigor, abriendo perspectivas para la juventud y la comunidad regional. Pese a sus limitaciones y deficiencias, en sus claustros ha acogido y realizado los sueños de miles de familias pobres, carentes de recursos para financiar los costosos estudios universitarios en ciudades del interior del país. Quedó atrás la ejemplar época de las clases con velas y mechones en salones prestados de colegios y con profesores ad honorem. Hoy en día ha logrado una moderna ciudadela, tiene más de 7.500 estudiantes, 114 profesores de planta, 80 ocasionales, 400 catedráticos, 5 facultades, 22 programas, convenios con múltiples universidades nacionales y extranjeras, 15 laboratorios, proyectos especiales y está a punto de inaugurar Centros de Investigaciones en Biodiversidad y Hábitat, y de Estudios Afrocolombianos e Indígenas. Sin embargo, como un tumor canceroso en crecimiento incrustado en su vientre, la UTCH padece el gravísimo problema del pasivo pensional, un taxímetro implacable que ya superó los cincuenta mil millones de pesos. Durante la última década, y con el resto de las universidades públicas de Colombia, amenazadas por el mismo problema, se ha planteado al gobierno nacional su financiación, sin encontrar solución alguna. Por el contrario, en el texto del Plan Nacional de Desarrollo, aprobado ya por el Congreso y en el despacho presidencial para su objeción o firma, se incluyeron artículos sobre "concurrencia", que descargan en las universidades parte del pago de dicho pasivo. De quedar en esa forma, la UTCH se vería abocada a un desangre mortal, a despedir de profesores y empleados, a elevar las matrículas, a suprimir la investigación, a rematar o vender sus instalaciones físicas, a su desaparición. Está claro que la actual protesta de los estamentos básicos de la UTCH y de la mayoría de las universidades públicas de Colombia es totalmente justa y merece el apoyo de toda la población. De otro lado, la Federación Colombiana de Educadores (Fecode) ha aprobado un paro nacional a partir del 23 de mayo con el objetivo de evitar que el gobierno nacional y el congreso sigan en el propósito de recortar las transferencias a departamentos y municipios para salud, educación, agua potable y saneamiento básico. Si se aprueba el recorte de transferencias, y de acuerdo a estudios de la Federación de Gobernadores, el Chocó perderá mas de 500 mil millones de pesos entre los años 2009 a 2016. Se agudizará aun más la crisis de los hospitales y centros de salud, empeorarán los ya dramáticos índices de mortalidad, morbilidad y expectativa de vida, declinarán la cobertura y calidad de la educación, y de los servicios de acueducto y alcantarillado. El gobierno nacional sigue al pie de la letra la antihumana cartilla del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en el sentido de garantizar el pago puntual a los usureros internacionales. Y para ello disminuye los aportes sociales nacionales para salud, educación, etc. Para salvar al Chocó y al resto de Colombia se requiere lo contrario: reducir los aportes a los multimillonarios extranjeros y garantizar la inversión social del pueblo colombiano. Las luchas de la UTCH y del magisterio son justas y merecen el respaldo de la comunidad chocoana. |
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