Chocó 7 días
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QUÉ SABE UD. DEL CHOCÓ? Por Edgar Hidalgo T. ¿Qué sabe usted sobre la proclama de Manuel Saturio Valencia? De acuerdo con los testimonios del periódico Ecos del Chocó, en la tarde del 7 de mayo de 1907 el cielo sobre Quibdó estaba cubierto por densas nubes grises, como es habitual en el valle del Atrato. Cerca de las cuatro de la tarde Manuel Saturio Valencia condenado, según se dice, por intentar incendiar la ciudad, esperaba sentado en un banco y con las manos atadas a la espalda que el pelotón de fusilamiento cumpliera la orden de ejecutarlo. Minutos antes de ser puesto en el paredón Valencia leyó un discurso a manera de proclama, "una especie de confesión pública, llena de reproches y de inconformidad con su suerte" dice el periodista Carlos Orrego un testigo presencial, que él mismo habría escrito en su celda. Este es el texto leído por Manuel Saturio Valencia en un promontorio al lado del patíbulo: "Señores: Dios en su inescrutable arcano, ha querido que hoy, 7 de mayo de 1907, ocupe yo este lugar, para expiar todas mis faltas cometidas, pero como yo, en el transcurso de mi agitada y turbulenta vida, procuré sacar un bien del más supremo mal; considero y no me per mito culpar a quienes en cumplimiento de un deber han dictado y aprobado mi sentencia de muerte; pues yo no dejo de comprender que esto no es sino un correctivo para que no se trunquen el bienestar, paz y progreso de esta naciente intendencia nacional del Chocó. "Hoy a mi no me toca sino pagar la deuda que de antaño deben unos cuantos chacales, los cuales, siendo autores del mismo delito que yo cometí, hoy están libres, porque a ellos no se les aplicó, en su época, el correctivo; ellos gozan de consideraciones y garantías. "Esto a mí no me extraña pues desde que tuve uso de razón comprendía que la fatalidad me perseguía, y doquiera que mis miradas dirigía, chocaba con negros nubarrones instalados en el horizonte de mi existencia. "Esta es la ley del mundo: todo lo que nace tiene que morir; y a mí, por mi mala estrella, me toca hoy dar cumplimiento a esa inexorable ley, en un patíbulo infame. Estoy plenamente convencido de la verdad de esta frase: ‘El hombre en pos de su destino, ciego avanza: Dios quiso ocultarle lo futuro para no hacerle la vida tan amarga’. "Deséole a mi patria, y con especialidad al Chocó, días prósperos y quiera el Cielo que nunca en sus horizontes asomen nubarrones tempestuosos". |
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