Chocó 7 días
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CULTURA Y FARANDULA Por Eugenio Perea García Un tinto con Alfonso Córdoba El Brujo "Llevo el canto del boga en la sangre" Esa tarde cuando buscamos al maestro Alfonso Córdoba Mosquera ‘El Brujo’ para invitarlo a un tinto, nos sorprendió de entrada una caja grande de madera en la sala de su casa repleta de hojas de papel bond: las letras de más de mil composiciones escritas a puño, tituladas con letras de molde y adornadas en las márgenes. Tres días después, en el malecón frente al río Atrato, nos dijo con la mirada ausente: –Mi padre se llamaba Salomón Córdoba Valencia. Además de carpintero doméstico, era palenquero de ribera, de esos que entonaban versos improvisados mientras bogaban por la majestuosidad del río. De él heredé el arte de cantar componiendo y el de tallar de la madera y la arcilla; mi madre Clara Mosquera era ama de casa y a veces cantaba afinada en la cocina. Pánfilo –De muchacho me decían Pánfilo porque recorríamos los colegios de Quibdó cantando una canción escrita por un señor Francisco, a la que yo le había puesto la música. Se llamaba El Pobre Cándido y el personaje central de los versos era Pánfilo. –Años después los amigos de trabajo de Bebaracito, un sector de La Yesquita, me montaron El Brujo, entre ellos Omar Mosquera, pero no porque yo fuera mago o supiera de magia negra, fue por mi facilidad en el arte. Yo dibujaba, componía, cantaba, le jalaba a la zapatería y estaba metido en el cuento de la elaboración de disfraces. –Ahora no construyo disfraces porque nunca fui bien remunerado. Aunque no soy católico siempre he sido un buen franciscano. Por eso hacía disfraces con Mianco, otro de los grandes disfraceros de Quibdó, pero me retiré cuando comenzaron a aparecer esos matachos sin estética. El compositor –No sé que edad tenía cuando empecé a componer,–dijo en medio del sol trepidante de las doce meridiano, embutido en un buzo marrón, un chaleco y una chaqueta de tela abierta, unas gafas oscuras y su inseparable gorra de poeta empedernido. Tranquilo, sereno, sin una sola gota de sudor en su rostro. –Mi familia era celosa conmigo, por mi tendencia al son cubano y al bugalú. Decían que la música cubana era pícara y de doble sentido por aquello de "Yo te lo vi coloradito, como un ají". –Además de inspirarme la mujer, llevo el canto del boga en la sangre, me inspiran nuestras costumbres, nuestros personajes típicos, la selva, el río, porque la lluvia canta como los ríos y la selva. El Negrito Contento, Son cepillado con minuét y Nostalgia Africana, son algunas de las letras de El Brujo que contienen esa variedad de ritmos candentes del Pacífico como la jota, el abozao, el currulao y el lamento del boga. Los Negritos del Ritmo –Fui ideólogo y fundador de la agrupación Los Negritos del Ritmo, la mejor orquesta asentada en Quibdó que ha tenido el Chocó en todos los tiempos–, dice nostálgico sacudiéndose los bigotes ya blancos de las canas y tan poblados que parecen cubrirle todo el rostro. –Con Santos Moreno el trompetista contruimos los instrumentos de percución como guacharacas, maracas, tumbadores y bongoes. –Ensáyabamos en la casa de Santos en la Calle de las Águilas. El director inicialmente era Neptolio Córdoba, además lo conformaban Eduardo Hálaby, Aristarco Perea (Arista), César Murillo (Muñeco) Napoleón Cossio, Lucho Tumbadora y Manimeño, entre otros que se escapan. –Creo que como músico he sido un fracaso, porque nunca me he considerado bien correspondido, pero me siento bien porque vivo inspirado y vivir con la música por dentro me ha ayudado a sostener hasta estos 81 años que tengo. Premios y galardones El Brujo ha sido galardonado en muchas ocasiones, no solo por la Secretaría de Cultura y Turismo del Chocó, sino también por la Fundación Colombia Negra con el Guachupé de Oro y por el Ministerio de Desarrollo con el premio nacional de joyería 2001. –Todo esto me ha producido grandes satisfacciones espirituales, pero yo no vivo de condecoraciones y palmaditas en el hombro. Jamás he recibido un incentivo economico, aquí no hay ayuda, no se impulsa al cultor. –Tengo la joyería casi que prohibida por motivos que me reservo, pero aspiro antes de morirme a reunir a un nutrido grupo de jóvenes para dejarles a ellos el legado más puro que es mi arte. Su familia y sus amores –Hablar de mi familia es un tema tan largo como Las Mil y Una Noches. He tenido muchos y grandes amores y satisfacciones. También he fracasado, como todos. –Tengo unos hijos queridos, me he sentido afortunado con ellos, porque tengo la satisfacción de que aun siendo ellos hombres comunes artesanos, sin ningún título universitario, han llevado una vida honrada y de sanos principios. –¿Qué gana un padre con graduar un hijo en grandes universidades para que mañana tenga que morirse de la verguenza porque cuando venga a trabajar a su tierra lo único que hace es esquilmarla, robarse lo poco que hay y luego irse a vivir como reyes a otras ciudades? –Me siento orgulloso de mis hijos y mi familia porque hemos vivido humildemente pero honrados. Yo no quiero hijos doctores que se roban al Chocó. Alfonso Córdoba El Brujo acaba de producir un CD donde recoge los ancestros musicales de La Timba, agrupación chocoana de los años cincuenta cuyo organigrama básico es percución, voces, instrumentos de cuerdas y saxo, con un leve picante antillano. |
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