Chocó 7 días
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EDITORIAL Protesta popular, locomotora del cambio Vivimos tiempos de crecientes protestas populares, en el Chocó y en el resto del país. Los educadores piden al gobierno y al congreso nacional respetar la Constitución de 1991 que ordena que las transferencias a las regiones estén vinculadas a los ingresos corrientes de la nación y no recortarlas al menor valor del índice de inflación, así esté maquillado con tres o cuatro puntos adicionales. Los universitarios piden derogar varios artículos del Plan Nacional de Desarrollo que descargan en la universidad el pago de parte del pasivo pensional, cuando la misma Corte Constitucional ha ratificado que es obligación del Estado responder por la totalidad del mismo. Observamos esta semana, tanto en Quibdó como en el resto del país, las más concurridas manifestaciones pacíficas de que tengamos memoria. Se calcula que en Bogotá marcharon más de 200.000 personas. En Quibdó asistieron más de 5.000 personas. La participación de la manifestación en Istmina fue algo sin precedentes. Miles de indígenas se movilizaron y bloquearon las vías hacia Antioquia y Risaralda exigiendo cumplir los compromisos relacionados con el nombramiento de docentes, salud, ayuda alimentaria, arreglo de las carreteras. En el basurero de la historia quedó la «fiesta del judío», degradante espectáculo anual donde se repetía la humillación a nuestros hermanos embera, wounaan y tule. Pasó la época de los indígenas arrodillados, menoscabados en su espíritu, utilizados como carne de cañón y luego desechados por los politicastros de turno. Los indígenas chocoanos se han puesto de pie y es admirable observar la cualificación de sus líderes y la firmeza, seriedad, profundidad y altivez como levantan y defienden las banderas del cambio social. Crece en el San Juan la insatisfacción por la estafa y el desastre del Plan 2500. Aumenta la indignación por el diabólico aumento del costo de vida y de las tarifas de los servicios públicos. Es cada vez mas nítida y extensa la idea de que lo poco que existe en el Chocó ha sido fruto de la protesta popular. Por el paro del 22 de agosto de 1967 el gobierno de Carlos Lleras Restrepo ordenó el estudio y contratación de la interconexión eléctrica Quibdó-Bolombolo. Por el paro de mayo de 1987, hace dos décadas, el pueblo chocoano logró el puente de Yuto, la ciudadela universitaria, teléfonos, etc. Por el paro de junio de 2000 se resucitó la vía al mar Ánimas-Nuquí, y se lograron la pavimentación Quibdó-Ánimas, y las interconexiones Virginia-Cértegui, y Caucheras-Riosucio. En la eterna lucha dialéctica entre avance y retroceso, quienes hoy detentan el poder político defienden la pasividad y el servilismo de la comunidad, la desigualdad social, el sometimiento colonial a los Estados Unidos (TLC), la entrega y saqueo de los recursos naturales, las privatizaciones, liquidaciones y la estigmatización del pueblo. Actúan como vacas muertas atravesadas en el camino social. Los educadores, universitarios, indígenas e inconformes de toda condición, con sus dignificantes protestas, caminan en la ruta por una nueva cultura, una nueva economía, una nueva política, una nueva sociedad. La protesta popular es la locomotora del cambio. |
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