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QUÉ SABE UD. DEL CHOCÓ?

Por Edgar Hidalgo T.

¿Qué sabe usted sobre la expedición de los estudiantes de minas de Medellín al Atrato, Andágueda y San Juan (I)?

En 1934 la única vía terrestre que comunicaba al Chocó con Antioquia era un precario camino que comenzaba en La Mansa, serpenteaba ascendiendo en medio de las montañas, para descender a Quibdó en el lluvioso valle del Atrato. Con excepción de los arrieros antioqueños que con sus recuas de mulas hacían el recorrido Medellín-Ciudad Bolívar-Quibdó para transportar, frutas, verduras y algunas mercancías, nadie se atrevía a viajar por este escabroso camino.

Así fue hasta que un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de Minas hicieron lo impensado: viajar a pie hasta Quibdó.

El 20 de junio de 1934, según el diario de uno de los expedicionarios llamado Delio, 19 estudiantes entre los 21 y 27 años, y dos profesores salieron de Medellín.

Al amanecer del día siguiente iniciaron la caminata. Después de cinco días de camino llegaron a Quibdó, donde los recibieron casi como héroes. El diario de viaje anota: "Los quibdoseños admiran que hayamos venido a pie por esta mala trocha y califican el acto de hazaña; nos sorprende encontrar monedas de todas las nacionalidades, y de todas la época; chilenas, peruanas, ecuatorianas, panameñas, guatemaltecas, francesas del tiempo de upa, marcos alemanes, cincanas del antiguo Estado Soberano de Antioquia, morrocotas de la Nueva Granada, mejicanas, costarricenses, yanquis, canadienses, etc. Hay monedas de treinta centavos, de cuarenta, de veinticinco y de todos los valores imaginables; no nos acostumbramos a esta moneda y pedimos nuestra vuelta en la moneda que conocemos. Los chocoanos conocen muy bien todas estas monedas y mientras más antigua sea, más valor tiene ante ellos.

A las 9 p.m. nos dan una cena en la que abunda la cerveza, el helado, la carne de pisco, los discursos, la música y las epilepsias de la rumba, que es ejecutada aquí con primor.

Nos acostamos a las dos de la mañana. Después de recorrer Quibdó y algunos pueblos riberereños de los alrededores los expedicionarios se embarcaron, en medio de un intenso aguacero, para remontar el Atrato con rumbo a Lloró y el Andágueda. Durante el viaje se sorprendieron de ver los caseríos aislados y la gente que con sonrisas los saludaba a su paso, dicen además que "Los bogas entonan canciones melancólicas; es el canto nostálgico de una raza expatriada y sin esperanza".

Después de ser agasajados con baile, comida y misa incluida en su honor, los expedicionarios dejan Lloró y otros pueblos del Andágueda para seguir a la región del San Juan, ‘tierra de oro y mujeres hermosas’, según anota el diario.

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