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 EDITORIAL

¿Después de San Pacho, qué?

Todos los años para esta época nos toca ocuparnos del suceso que en la capital del Chocó concentra a casi toda su población en torno a las fiestas conmemorativas del Patrono de Quibdó.

El desfile de banderas, las comparsas de los barrios, las verbenas nocturnas y el fervor religioso que corre parejo con las expresiones lúdicas.

Porque en San Pacho van de la mano lo espiritual y lo físico, después de un año de espera, en donde se da escape a expectativas y frustraciones reprimidas por limitaciones de todo orden.

Tales represiones paradójicamente no condicionan en un pueblo sumido en factores potencialmente explosivos, sino manifestaciones de alegría y solidaridad. En ninguna época como en las festividades de San Pacho las gentes son tan manifiestamente entusiastas, amigables, solidarias y dispuestas a compartir. Es una época que debiera ser permanente si de sostener un clima de convivencia civil se tratará.

Pero otras son las realidades. Pasadas las fiestas, las duras circunstancias que nos azotan y a las cuales hay que afrontar, tenemos que hacerles frente. Ahora todo parece un carnaval interminable. Después de San Pacho, vendrán las elecciones de gobernador, alcaldes, concejales y diputados.

Los disfraces reflejan como un espejo el pensamiento popular, su crítica mordaz, penetrante, directa y sin contemplaciones de la corrupción, la explotación y la desigualdad. Si las ideas que orientan la creación de los disfraces fueran las mismas que se expresaran el 28 de octubre, día de las elecciones, tendríamos un cambio político total.

¿O será que el pensamiento del pueblo, liberado de las cadenas en los disfraces de San Pacho, volverá a la prisión de la compraventa de votos de los grupos dominantes, una vez el Seráfico retorne a la catedral de Quibdó?

Cualquiera que sea la decisión al respecto, comporta una señal determinante sobre lo que queremos en materia de derechos y libertades. Y de la capacidad de participación política frente a la arrogancia del poder están en juego muchas cosas trascendentales no escritas que constituyen toda una asechanza en contra de los intereses populares.

Por ello es conveniente que después de San Pacho nuestro pueblo tome conciencia y vote en conciencia sobre lo que está por venir. Nada menos que sobre su suerte y su futuro.

Llegó San Pacho y ojalá siga llegando por décadas más para entretenimiento y alivio de nuestras penalidades.

Pero las fiestas no pueden despreocuparnos de los graves problemas que nos circundan.

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