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 EDITORIAL

Los justos reclamos del Alto Baudó

Más de mil campesinos e indígenas de distintos corregimientos y veredas del municipio de Alto Baudó dejaron desde hace diez días sus labores habituales y se dirigieron a la cabecera municipal con el fin de exigir, a todos los niveles del gobierno, soluciones de salud, educación, servicios públicos, vivienda, seguridad alimentaria, recreación y deporte.

Además, exigen a la administración municipal que rinda cuentas de su gestión, de la inversión en ejecución de obras comunitarias, de la cancelación de sueldos y el pago de acreencias.

Se tomaron las instalaciones de la alcaldía y de otras entidades oficiales, y piden una comisión con representantes del gobierno nacional y departamental, y de los organismos de control.

Que recordemos, nunca antes se había presentado en Alto Baudó una protesta de las dimensiones actuales, con unos líderes campesinos tan firmes, decididos y enérgicos. Todo indica que la comunidad de Alto Baudó se encuentra hastiada de las vanas promesas oficiales, de la incompetente dirigencia política regional, de las mentiras y ultrajes del gobierno local, y que está decidida a conquistar con la protesta algunas mejoras en sus penosas condiciones de vida.

El Baudó es la arteria del corazón del Chocó que sirvió de refugio recóndito a miles de indígenas que resistieron la do

minación española en el período colonial y a otros miles de afrodescendientes que huyeron de la esclavitud y la muerte en los entables mineros del San Juan y del Atrato. A pesar de sus inmensas riquezas naturales los pobladores del Baudó nunca han tenido la mano amiga de un gobierno que apalanque su vía al desarrollo.

Por el contrario, el Baudó solo ha sido considerado como coto de caza de su variada fauna o como gratis despensa de maderas preciosas. En pleno siglo XXI, en el Alto Baudó se padecen condiciones prehistóricas tan humillantes como la utilización de hombres como bestias para el transporte. Por caminos húmedos y escabrosos los altobaudoseños deben cruzar los abismos de la serranía, con las maletas y alimentos en la espalda. La vía al mar Ánimas-Nuquí, obra vital para el Alto Baudó, se encuentra paralizada desde el año 1992, nos encontramos a fines del año 2007 y no se desata el nudo gordiano de la consulta previa y de la licencia ambiental, amenazando con perderse los recursos ya asignados para su reanudación.

El Alto Baudó es el más irrefutable argumento del fracaso total de las políticas del gobierno de Uribe, y de los gobiernos departamental y municipal: excluido, marginado, discriminado, con míseros ranchos de techos de palma, con pocas escuelas semidestruidas, sin energía, sin centros de salud, ni medicamentos, ni médicos, ni promotores, sin microscopios, sin electrodomésticos, sin acueductos, sin alcantarillado, sin tazas sanitarias, sin recreación, sin señal de televisión, sin teléfonos, sin energía, sin trapiches ni trilladoras, ni motores fuera de borda.

La protesta del Alto Baudó es el grito profundo de una comunidad que se pone de pie en procura de vida y bienestar. La protesta del Alto Baudó es el llamado del corazón del Chocó que requiere la solidaridad general.

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