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QUÉ SABE UD. DEL CHOCÓ?

Por Edgar Hidalgo T.

¿Qué sabe usted sobre los relatos de vuelo de Alcides Férnandez?

En la década de 1960, al igual que lo hicieron sus antecesores en el siglo XVI, el clérigo, misionero, y aventurero católico Alcides Fernández ingresó en las cenagosas tierras del Urabá occidental en el norte del Chocó. Pero a diferencia de los primeros misioneros católicos que remontaron el Atrato rumbo al Chocó interior en busca de oro e indios para cristianizar, Fernández lo hizo a bordo de un avión Piper Súper Ustom de 4 puestos y un solo motor que él llamaba "la avioneta misionera". Según afirmó Fernández el suyo fue el primer avión con ruedas que entró a operar en el Chocó selva adentro ya que hasta entonces sólo habían operado hidroaviones Catalina de la compañía Scadta. Muchas de sus más de 180 mil horas de vuelo las pasó sobre las selvas y montañas chocoanas. Igual de numerosos son sus relatos de muchas travesías sobre los cielos de la región.

El paisaje

"Volando por encima de estas espesas selvas y contemplando desde arriba el delta lodoso del Atrato al desembocar en el mar, se forma uno la idea de que estamos en el último rincón del mundo y de que tardarán muchos años para que las carreteras lleguen a estos sitios".

Las cumbres

"En esos viajes (a Medellín y Pereira) muy frecuentes hay que subir cordilleras con picos que

oscilan entre los 3.000 y 4.000 metros, a más de sortear cúmulos de grande altura".

Bagadó

"Cuando se construía la pista de Bagadó solía, de vez en cuando, en algún atardecer apacible, cuando los filos de la cordillera Occidental aparecían despejados, alzar el vuelo desde Pereira. Transponía las montañas (el Tatamá a 4.000 metros) y me presentaba de improviso en el cielo del pueblecillo para entusiasmar a los habitantes (...) y sin aterrizar, desaparecía de regreso a mi base".

Milagro sobre el golfo.

"Un día volaba sobre terreno peligroso encima del golfo de Urabá. De repente empezó a fallar hasta pararse el motor. Volaba con un Hermano misionero hacia Unguía. Miramos hacia abajo buscando con ansia donde hacer una emergencia pero no se veía otra cosa que selva y pantanos inmensos. Me encomendaba a Dios mientras buscaba la manera de encender de nuevo el motor. Ya descendíamos sobre la selva y alcanzaba a divisar claramente los árboles y preparaba la máquina para meterme a las orillas de una laguna poblada de caimanes y tiburones, cuando sentí que una corriente ascendente me levantaba de nuevo. Aquello era como si una mano invisible cogiera la avioneta por las alas y la sostuviera. Si saber cómo, no me lo explico todavía, la avioneta seguía volando".

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