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 EDITORIAL

De nuevo las inundaciones

Hace medio año tratamos en esta misma sección el gigantesco problema de las inundaciones en el Medio y Bajo Atrato y la necesidad de abocarlo de manera unificada y global por parte del gobierno.

Un problema mayúsculo de sedimentación de las 18 bocas del Atrato, de lagunas colmatadas, de reducción de los niveles de profundidad del río en largos tramos, de obstrucción de bocas de afluentes, de crecimiento de palizadas, de traumas en la navegación y el ciclo de vida de las especies acuáticas.

Un problema donde inciden múltiples factores como la deforestación, la minería, el tipo de suelos de la hoya del Atrato, la competencia del agua dulce con las mareas del Golfo de Urabá, los vientos, el relieve plano del Atrato y su poca pendiente, la alta escorrentía y pluviosidad de la región, la erosión, etc.

Escribimos en esa ocasión sobre los valiosos estudios que la Universidad del Valle ha realizado sobre este fenómeno desde hace veinte años y sus recomendaciones: manejo integral de la cuenca del Atrato (hasta la cabecera de sus afluentes), detallada reglamentación del aprovechamiento de los bosques y de la minería, un dragado inicial de más de un millón de metros cúbicos en las bocas del Atrato y la realización programada de dragados periódicos, mediciones y análisis continuos en el río Atrato con una lancha exploradora equipada con

CPS, ecosondas y laboratorio de sedimentos, señalización de puntos críticos, red hidrométrica y meteorológica con múltiples estaciones.

Ahora que se agudiza con mayor crudeza el drama de decenas de miles de paisanos ribereños literalmente inundados hasta el cuello, –con un niño ahogado la semana pasada en el casco urbano de Riosucio, miles de kilómetros cuadrados anegados, pérdidas inconmensurables en los cultivos, los animales de corral, las viviendas, el ganado, los muebles–, aparece más nítida la necesidad de luchar por la materialización de las recomendaciones de la Universidad del Valle.

El Chocó entero y sus voceros a todo nivel deben colocar al orden del día ante el gobierno nacional la urgente ejecución del dragado real de las bocas del Atrato.

No repetir la triste historia del pequeño canal en el brazo Coquito, donde se perdieron dos mil millones de pesos hace cuatro años.

Ni la caricatura de dragado en Matuntugo, que informó a comienzos de año el Ministro de Transporte, donde se esfumaron otros dos mil millones de pesos.

Debe ser un dragado como el recomendado por los expertos de la Universidad del Valle, en la mayor parte de las bocas del Atrato y que supere el millón de metros cúbicos.

Lo contrario, no tratar la raíz del problema, conllevará a que el asunto adquiera proporciones permanentes y catastróficas en el Bajo Atrato, con su dolorosa secuela de hambre, miseria, desolación y muerte.

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