Chocó 7 días

Secciones

 

Quibdó, en la antesala del infierno

Douglas Cújar Cañadas

La ciudad que hoy vivimos, culta y honrada por los antepasados, está ad portas de un caos por la miopía y falta de grandeza de una dirigencia que ofrece pocas soluciones.

En lo ambiental, aumenta la polución generada por ruidos, basuras, publicidad exterior visual. La ciudad rebasó sus límites sin urbanismo (¿POT?), mostrando ausencia de vegetación y expansión descontrolada que trasgrede sus linderos hasta los nacimientos de agua (Alto del Coronillo). Su ocupación poblacional ha convertido sus cuencas en basureros y colectores de aguas servidas generando ecosistemas ambientales críticos. El problema de La Yesca continúa agravándose y solo se plantea diagnósticos interminables.

En lo cultural no hay programa, el Plan Decenal de Cultura se agota en su inobservancia y falta de compromiso. La Banda de San Francisco es otra de las mentiras por cumplir. Pero si de cumplimiento se trata las legislaciones urbanas son las de mayores incompetencias: protección patrimonial, código urbano, recursos naturales, Plan Vial (¿Plan?).

Sistema vial caótico, poca movilidad central, con terminales de transporte mal ubicados. Las construcciones de pavimentos satisfacen apetitos de amigos.

La inversión en infraestructura local es nula y la que se construyó con gestión comunitaria como el malecón empieza a deteriorarse ante la impasible mirada de la alcaldía que la administra. El estadio es una caja de sorpresas.

Los servicios públicos son un desastre, baja cobertura, deficiencias administrativas que originaron intervención con dilatada inversión en estructuras caducas mientras el pueblo exige acueducto por gravedad; relleno sanitario ignorado y el alumbrado público feriado buscando lucro personal.

En lo social la inversión estatal se utiliza con fines politiqueros. La ciudad con mayor recepción de desplazados les niega educación, salud y vivienda, que cuando se construyen se asemejan a cajas de concreto, mal llamados ‘albergues’, soluciones que son una lotería para damnificados de Los Álamos. A falta de urbanizaciones, los pobladores se asientan en cinturones de miseria como El Caraño con interminables deslizamientos del suelo que sigue cobrando vidas.

Es negada la participación ciudadana. Quibdó perdió su dinámica social que la proyectó con desarrollo equilibrado, alegría y vocación amable. Hoy carece de educación ciudadana, cívica y ambiental. Ya no celebramos la buena salud del vecino, a este lo desconocemos o ignoramos.

Mientras tanto, el burgomaestre se dedica a apetitos furtivos de macho cabrío con sus mil y una noches de féminas como musas cortesanas: en el espacio donde se deben solucionar problemas delira el falo del administrador soso de una urbe vaga, perezosa, enajenable y embriagada bajo las promesas baratas de alienadores de su conciencia social. En ella todo tiene precio como en un tumulto de cachivaches de baratijas. Después de siete años de una administración sin corazón sigue sin planes, ni ideales, al garete de acontecimientos insignificantes, sin un grupo social o político que le marque un destino, sueño o vocación.

La ciudad es hoy un leve murmullo que corre entre sus azarosas calles y se va convirtiendo a veces en grito, a veces en llanto. Gritos por ausencia de rebeldías pidiendo calmar sus dolores; llantos de madres e infantes sufriendo de hambres y abandonos. Aun hoy no se levanta el coro para subvertir al amo, a reclamar derechos de civitas.

El murmullo se transforma, después del circo electoral, en el silencio del diablo convirtiendo a sus borregos en pecadores impenitentes, arriándolos a las tinieblas eternas para no cambiarle la condición de una ciudad en la antesala del infierno.

COMENTE ESTA NOTA

© 2007 Chocó 7 días
http://www.choco7dias.com