Chocó 7 días
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EDITORIAL Preocupaciones sobre Codechocó Luego del pavoroso incendio de Quibdó de 1966 el gobierno nacional definió la creación de una entidad que tuviera por objeto la reconstrucción de las áreas afectadas y el impulso de proyectos esenciales en otros lugares del Chocó. Así nació Codechocó dos años después, que en su primera etapa fue un motor de impulso de obras claves para el progreso regional. Codechocó construyó las edificaciones de las carreras primera, segunda y tercera, con un diseño exitoso que combina locales comerciales en el primer piso, viviendas en el segundo y corredores peatonales protegidos de la lluvia y el sol. Luego construyó parte del malecón de Quibdó, el parque Manuel Mosquera, el tramo de la carretera al mar entre Las Ánimas y Puerto Nuevo, el puente sobre el río San Pablo en Puerto Nuevo, el aeropuerto de Bahía Solano, la vía Ciudad Mutis-El Valle, etc. A raíz de la Ley 99 de 1993 se cambió el nombre, la naturaleza y las funciones de Codechocó. En el nombre se agregaron los conceptos de "autónoma regional" y de "sostenible". Dejó de ser impulsora de obras, amplió su cobertura a todo el departamento y pasó a ser autoridad ambiental. La verdad es que hoy Codechocó atraviesa una grave crisis que pone en peligro su futuro. Se reciben de todos los rincones informes alarmantes sobre la catástrofe ambiental que padece el Chocó. Campesinos y párrocos denuncian la devastadora contaminación de ríos y quebradas por la caótica explotación minera con dragas, draguetas y retroexcavadoras. Líderes indígenas denuncian el saqueo de grandes volúmenes de madera y crecen las investigaciones por irregularidades en permisos y salvoconductos respectivos. Como consecuencia, se taponan las bocas de los ríos, se colmatan las ciénagas, se afecta el recurso ictiológico y se inundan vastas zonas, generando todo tipo de calamidades. Medios nacionales de comunicación alertan de manera periódica sobre la ilegal comercialización de especies de fauna, muchas de ellas en peligro de extinción. De la noche a la mañana se instalan estaciones de combustible al lado de las fuentes hídricas, no funcionan ni se hace seguimiento a los planes de ordenamiento territorial. De otro lado, y mientras se abandonan muchas sedes ubicadas en el campo, de bulto se aprecia la más chocante politiquería entronizada en la sede principal de la entidad en Quibdó. Centenares de personas contratadas en una planta paralela suben y bajan las escaleras, entran y salen de las oficinas sin nada que hacer, y algunos hasta se dedican a jugar cartas o solitario en los computadores. ¿Dónde estaban los directivos de Codechocó durante los años de destrucción de bosques naturales y desalojo de las comunidades para las siembras de palma africana en Jiguamiandó y Curbaradó? Ha sido notoria su pasividad frente a las amenazas de la Ley forestal y frente al irracional patentamiento de plantas previsto en el capítulo de propiedad intelectual del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que entrega la biodiversidad de los bosques tropicales a las multinacionales. Nada han hecho para aprovechar las posibilidades de recursos con proyectos ambientales previstos en los mecanismos de desarrollo limpio del Protocolo de Kyoto. Muchas cosas tendrá que cambiar, casi todo, el nuevo director de Codechocó, si de veras comprende que esa entidad cae por un despeñadero, generando argumentos al gobierno nacional para otro zarpazo neoliberal, otra humillación, otra derrota, otra institución enterrada. |
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