Chocó 7 días
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CULTURA Y FARANDULA Por Eugenio Perea García Un tinto con Neyvo Jota+ Ni siquiera con la numerología de Baldor, Arquímedes, Pitágoras y otros grandes matemáticos del universo contabilizaría los tintos que tomamos con el maestro Neyvo J. Moreno, hace más de cuarenta años en cualquier esquina de Quibdó. Solo suspendidos desde ese día del padre del 96 cuando se enfrentaban Brasil y Colombia en plena eliminatoria mundialista. Habíamos programado otro tinto ese domingo en la tarde para degustarlo en la casa de su hermano Septimio, mientras observábamos las gambetas de Ronaldihno y las atajadas de Córdoba. Pero él no pudo llegar. A las once de esa noche cuando al fin pudimos encontrarnos, me dijo que había tenido que quedarse en casa acomodando un galpón para unos pollos. "Si querés sentate que yo ya llevo más de uno entre pecho y espalda". Le respondí que no por lo de la madrugada del lunes. Eso fue en la víspera del accidente cerebro vascular que aún lo mantiene acostado en esa cama sin poder hacer lo que más le gusta la música. El músico Neyvo se inició rasgando un pedazo de guitarra que apenas tenía cuatro cuerdas que no afinaban. Su hermano mayor Eurípides lo había dejado abandonado cuando lo nombraron de maestro escolar y tuvo que irse. Aprendió solo, a oído, sin métodos, solo con las clasesitas esporádicas que le daba Guillermo Santos, el guitarrista del barrio. Un día me comentó que su apego a la música era ancestral porque su abuela Mangú le había afinado el oído cuando lo dormía con cánticos, arrullos y lamentos de alabao.–En mi época a las ocho de la noche, en mi familia, mi abuela era la encargada de contarnos los cuentos que escuchábamos con mucha atención porque ella preguntaba y si no le respondíamos, al día siguiente no había cuento. Ella entonaba la canción que hacía alusión al cuento, luego nosotros lo aprendíamos y la cantábamos en coro. –En la escuela del barrio escolar las clases de canto cumplían un papel preponderante en mi formación. Ahí me di cuenta que sería músico porque hasta el aseo era un cántico para mí. Yo recordé que muchos años atrás el padre Isaac Rodríguez visitaba las escuelas públicas de Quibdó buscando talentos de coral de la iglesia. Ahí seleccionó a Neyvo Jota y muchos otros, cuando apenas tenía siete años de edad. –Me gustaba el clarinete, dijo años después cuando regresó a la escuela del padre Isaac, ya no como corista sino como aprendiz de música. –Escogí el clarinete porque me gusta su sonido y me fascina llevar la línea melódica, para mi es más fácil la melodía que el acompañamiento. Inicialmente el padre me confió la tuba, el bajo gordo, pero me cansé rápido porque es muy quieta con su sonido grave y redondo, es muy repetitivo, por eso me quedé con el clarinete y el saxo alto. –Con el negro Cecilio y el maestro Alexis Lozano, montamos el primer grupito de chirimía. Ellos también, como la mayoría de los músicos chocoanos de esta temporada iniciamos en la escuela del Padre Isaac. Ensayábamos a escondidas porque nos tenía enclaustrados en lo clásico pero por nuestras venas corría la tradición milenaria de la chirimía, no podíamos relegar nuestra propia cultura, nuestro folclor. –Salíamos a sampachear con los instrumentos del Padre y cuando pasábamos por la iglesia nos escondíamos. –Aprendí a tocar casi todos los instrumentos tanto de viento como de percusión, lo que me permitió ingresar a la banda San Francisco de Asís. Apenas tenía 18 años, acaba de graduarme de maestro y venía de San José de Palmar, donde dicté en una escuela de la curia mis primeras clases musicales. –Yo era muy notorio dentro del grupo por mi edad porque la mayoría de los músicos de la banda pasaban de los cincuenta años, donde Pedro Serna, Euclides Pacheco, Lucho Cuesta, Tata, Danielito y Oscar Salamandra, entre otros. –Al poco tiempo falleció don Pedro Serna, el director. Consultaron entre ellos y decidieron escogerme como el nuevo director. Yo, el más joven, el muchacho. Para mí fue un honor y me prometí responderle a esos mayores que habían depositado su confianza en mi. Continuamos con las retretas que estaban suspendidos, tocábamos pasodobles, marchas, fúnebres y yo le introduje dos o tres piezas folclóricas. –En mi condición de educador pensé que era necesaria una escuela y al poco tiempo contábamos con más de veinte jóvenes y cincuenta mayores. –La banda aumentó de integrantes, agilizó el ritmo con un sonido stereo y se convirtió en el patrimonio tangible e intangible más preciado de los quibdoseños. Su repertorio musical pasó de religioso, fúnebre, con marchas, pasillos y jotas aroganesas, a la interpretación de aires del Pacífico como el bambazú, el levantapolvo, el aguabajo, el currulao. El compositor –Antes del Birimbí mi primera composición con la que gané un premio como mejor canción inédita en el Festival del Pacífico Petronio Alvarez y que grabó el Grupo Bahía de Cali y la Sinfónica del Valle, había sido fundador junto con Leonidas Valencia de la Contundencia Orquesta. –Participé en muchos grupos de distinta índole, vallenato con Moraíto, hasta que monté un grupo, el Golpe de Amporá, donde recogí instrumentos autóctonos ya desaparecidos como la marímbula, el carángano, el totuclave, etc. –Después compuse Irene, canción que de muchacho le escuchaba tararear a mi mamá Purificación Becerra. Además, Chocoanito Inconforme, Tambora Mía y otras que logramos grabar con el Golpe de Amporá y que muy pronto saldrá al mercado gracias a la diligencia del maestro Alexis Lozano. Neyvo J. Moreno fue gestor en el Chocó de Batuta y profesor de música de diferentes establecimientos educativos de Quibdó, incluyendo la Universidad Diego Luis Córdoba. Dos años y medio después el maestro continúa en esa cama soñando con su música, a veces sintiéndose solo y olvidado, mientras toda esa camada de Amigos Eternos camina dislocada con la esperanza implícita de que muy pronto, quizás mañana o esta misma semana, se levante como el Ave Fénix a llenar ese vacío irreparable. DE LA LITERATURA CHOCOANA Por Ely Gómez Ortega El Chocó: De la A la Z De Efraín Gaitán Orjuela A decir verdad, el autor de esta nueva obra no necesita presentación, debido a que es tan conocido y popular, como en su tiempo, lo fueron algunos personajes de nuestra comunidad, por ej. Vicente ""El Pollo, en Quibdó, "Morales" en Istmina y "Petreque" en Condoto. El cura Efraín Gaitán Orjuela, bogotano, es el veterano, el decano del periodismo radial y escrito de los últimos treinta años en el Chocó, antecedido de una brillante estela de ejecutorias iniciadas en 1956 en la revista claretiana El Voto Nacional, que le costó muchos dolores de cabeza, y repuntó a la fama por su original estilo criticón. Obligado por las circunstancias misioneras, vino a dar a Bellavista (Bojayá) desde donde publicó Presente, a manera de folleto, que dio la vuelta al mundo. Se subió a Quibdó con nuevas realizaciones, edificio, imprenta, librerías, gráficas, emisora Ecos del Atrato, lugares que se convirtieron en una especia de escuela para muchos periodistas, locutores y técnicos de hoy, dispersos en todo el país, sin olvidar que tiene fama de buen negociante. Sacó tiempo para escribir y publicó ‘Grandes del Chocó, enciclopedia muy discutida pero indispensable, para todo quien haga referencia a personas importantes del Chocó. Más podríamos anotarle a este cura pero el espacio no lo permite. Claro que también le picó el gusanito de la política, se lanzó dos ves a la alcaldía mayor, sin éxito. Profundizando en esta obra, ‘Chocó: de la A a la Z’, puede afirmarse que se trata de un ejemplar muy variado en estilo y contenido, comparado con otras del mismo autor, porque combina palabras, verbos, los asocia con personas, para destacar la coincidencia gramatical, geografía, hidrográfica, orográfica, política, social, folclórica y humanista de unos actores que de alguna manera han incidido en el Chocó de ayer y actual. Pero al cura Gaitán, caracterizado por su crítica inmisericorde, tendenciosa, elaborando cuadros de honor de los malos, según su óptica, debemos reconocerle sus méritos. Digamos entonces que al azar abrimos las págs. 112 y 113 y encontramos: Beté, Beteguma, Betejo, Berejú, Beriguadó, Betancur, Belisario, Bicordó, Bicharaco, todas con su respectiva explicación. Así detalla al expresidente: "Faltando 4 meses para terminar su mandato, viajo a Tadó a preinaugurar la carretera a Santa Cecilia". El lanzamiento del libro es hoy a las 6 p.m., en el paraninfo de la U. Antonio Nariño, gratis. Telegrama: Cayó bien la idea de crear del Chocó, tres departamentos: Atrato, San Juan y Pacífico Norte. ¿Quién le pone el cascabel al gato? |
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