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QUÉ SABE UD. DEL CHOCÓ?

Por Edgar Hidalgo T.

¿Qué sabe usted sobre la obra musical y poética de los Castro Torrijos?

En la década de 1930 Quibdó era una población de trece calles, nueve carreras y una veintena de barrios, según lo describe un artículo de Aristo Velarde en el periódico ABC. Un testigo habla de sus poca recreación: "Ir al río a bañarse, eso era como lo único".

Escuchar una emisión radial en algún café era algo novedoso, no había energía eléctrica pública, las diversiones de la gente eran componer versos, hacer poesía, bailar al son de tocadiscos movidos a mano o improvisar funciones callejeras a imitación de circos.

Aunque la esclavización había sido abolida en Colombia en 1852, algunas prácticas esclavizantes continuaron vigentes en la sociedad quibdoseña. Mujeres negras hacían de niñeras en la carrera primera; las hijas de las familias dominantes asistían a la escuela seguidas por una niña negra que les llevaba los cuadernos, las famosas "nanas negras" servían como empleadas domésticas, bañaban los perros, servían de compañeras de juego. Algunas eran recogidas cuando eran niñas y convertidas en sirvientas de por vida, en ocasiones con el consentimiento de sus propios padres.

Por la misma época una familia de artistas dedicados a la poesía, la música popular, la poesía costumbrista, la danza y la actuación se destacaba entre quienes habitaban la tradicional carrera primera: los Castro Torrijos, de quienes dijo Emilio Meluk en una entrevista en 1998: "Fueron una familia especial, de esas familias blancas tradicionales de la carrera Primera. Eran chistosos, montaban circos, hacían poesías, las muchachas eran bonitas. No sé. Como que tenían un don".

Tres hermanos de esta familia de artistas, Rubén, Néstor y Ligia, hijos de Rodolfo Castro Baldrich e Isabel Torrijos, se destacaron en el panorama artístico regional por la trascendencia de sus obras, algunas de las cuales todavía permanecen en el folclor tradicional del Chocó. Canciones como Amira Waldo, El rey del río, Run, run, Prosperito, Juana Blandón, tan populares en la música popular chocoana se deben al genio creador de Rubén Castro. Poesías costumbristas como La ensarta de diez pescados, muestra del humor característico de los campesinos ribereños, compuesta con excepcional maestría por Néstor Castro, o la gran cantidad de ingeniosas canciones infantiles y coplas costumbristas producidas por Ligia Castro. La obra de los Castro es uno de los referentes más importantes del siglo XX en la cultura popular del Chocó.

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