Chocó 7 días

Secciones

 

CULTURA Y FARANDULA

Por Eugenio Perea García

Un tinto con Lillyan Rosero

Eran las 5 p.m. cuando pasaba por la carrera décima del barrio El Silencio, donde la cantautora Lillyan Rosero García visitaba a un pariente cercano. El día anterior había realizado una presentación apoteósica en el Banco de la República de Quibdó.

A esa hora tenía cita con unos músicos para un ensayo, y como se demoraba el taxi solicitado, me pidieron que transportara en mi moto.

Aunque primero palideció ante semejante idea ya que jamás había montado en moto y a su edad es difícil levantar las piernas, lo hizo con la ayuda de su cuñado Israel Emilio Mosquera (Millo).

Al día siguiente nos encontramos en la terraza del hotel donde se alojaba y me dijo con voz pausada, matizado y como cantando, que había abierto por primera vez los ojos en Tadó.

"Nací en Tadó pero hice la primaria en Istmina y me gradué de maestra en el IPE de Quibdó, ahora llamado EIEFEMP. Al poco tiempo empecé a trabajar como educadora en el colegio Antonio María Clareth, pero en todo el esplendor de mi carrera apareció el hombre de mi vida Francis Posso Mosquera, me casé y nos fuimos para Bogotá. Allá trabajaba como profesora en el Aurelio Tobón, un colegio de la Universidad Libre al tiempo que estudiaba idiomas en la misma institución.

"Una notificación casual de la Secretaría de Educación del Valle del Cauca donde solicitaban licenciados fue lo mejor que nos pudo pasar, porque a mi esposo Francis lo desesperaba el frío y ya estábamos pensando regresar a Quibdó. Han transcurrido ya 35 años de vivir en Cali".

La compositora cantante

El calor se hizo espeso por el techo transparente que cubría la terraza pero Lillyan Rosero, con un vestido de mangas lar

gas y una bufanda, soportaba impasible el fuego que calcinaba el manbiente y continuaba su charla, tomando de vez en cuando pequeños sorbos de agua fría.

"En Istmina siempre pertenecí a la coral de las monjas capuchinas, soñaba con ingresar a la estudiantina que dirigía el profesor Ramiro Lozano, me fascinaba el violín pero no podía porque estaba en la primaria.

"No sé en que momento empecé a hacer canciones, pero recuerdo que desde mi infancia componía coplas y me regocijaba escuchando a mi mamá Cecilia García cantar sentada frente a su máquina de coser. Yo también cantaba a viva voz en la cocina, tanto que mi papá Baltazar Rosero a ratos me decía con paciencia calculada. Lillyan, ¿será que ya puedes callarte?

"En Quibdó iba al teatro a ver películas de Libertad Lamarque, mi cantante favorita, pero como no me aprendía las canciones completas, inventaba el resto de la letra. Creo que fue así como inicié componiendo sin darme cuenta, aunque en la secundaria y después de graduarme escribía poemas espontáneos

"Sabes cuando me sentí compositora?", me pregunta mientras se refresca con un largo sorbo de agua.

"Eso fue en Cali, una vez que el Ministerio de Cultura lanzó una convocatoria para compositores y yo participé. Recuerdo que utilicé el seudónimo de María y Los tambores del San Juan. Mis canciones quedaron seleccionadas y me tocó improvisar un concierto en el teatro Jorge Eliécer Gaitán, hace 25 años.

Raíces negras

"Esa presentación me motivó porque sentí la aceptación del público, me di cuenta que el canto era mi otra pasión. Quería cantar expresando mi afecto y sentimiento a mi pueblo pero con todas sus manifestaciones folclóricas; entonces organizamos una gran velada en el concejo de Cali, con danzas poesías y canciones.

"Esa noche dentro del jolgorio de las presentaciones y la alegría nació la Fundación Raíces Negras. Con Raíces Negras hemos recorrido a Colombia: Cartagena, Ibagué, Medellín, Bogotá, y también el Ecuador.

"Creo que nací con la música en el corazón, la tengo en los genes. Mi padre pertenecía a la banda del pueblo en Tadó, tocaba el bombardino y cantaba serenatas. Mi hermano el sacerdote, el padre Pachito como le decían, entona en el púlpito. Lillyan Patricia, una de mis hijas, me heredó el canto y la pasión por este arte, es la coreógrafa del grupo. Mis otros cuatro hijos son profesionales, Martha Posso estudió fotografía en París y tiene una exposición fotográfica afro, itinerante en Colombia.

Proyectos a corto plazo

"Mi sueño actual es un trabajo de identidad denominado Un Canto a Mi Tierra, un concierto multitudinario, las voces de doscientos niños chocoanos cantando en una tarima gigante en el malecón de Quibdó. Es un homenaje al Chocó de parte de niños de sensibilidad artística, de arraigo, de amor patrio.

"Además, antes de morirme anhelo grabar un CD de boleros que ya tengo escogidos, entre ellos una canción que le hice a mi esposo Frank, que llamé Pequeños Detalles.

El Día del Pacífico

Antes había visto cantar a Lillyan Rosero y sentía gran admiración por ella, pero ello se acrecentó en el año 2000 cuando el grupo musical Golpe de Amporá fue invitado a la Feria de Cali y por ende al famoso Día del Pacífico. Todo un encuentro cultural donde además de resaltarse nuestra música vernácula folclórica y el amor por nuestra raza, nuestras costumbres y nuestra tierra, se degustan los platos típicos del Pacífico Colombiano, desde un atollao hasta un caldo de piangua.

"Mira Eugenio: el Día del Pacífico se realiza en todo el corazón de la Feria de Cali. Nació hace quince años, una mañana en que leíamos la prensa con mi esposo donde estaba la programación de la Feria; hablaba de la noche bohemia, la noche del tango, el festival de la salsa, pero nada sobre el Pacífico. Esa misma tarde visitamos a Freddy Castro, gerente de la feria en esa época, quien se negó por problemas económicos pero nosotros conseguimos el espacio y casi sin apoyo logramos institucionalizarlo.

Lillyan ha grabado dos CDs, Mi Litoral Pacífico y Canto a Mi Tierra. En sus ratos libres compone himnos a diferentes instituciones del Valle del Cauca y aunque vive en Cali piensa en el Chocó como la gran alternativa artística y cultural de Colombia.

© 2008 Chocó 7 días
http://www.choco7dias.com