Chocó 7 días

Democracia aberrante

Reinaldo Castillo Borja

Ahora no existen los partidos políticos dentro de la noble concepción de lo que debe ser, en el funcionamiento de una democracia, porque la crisis política no puede ser más profunda. La organización jerárquica ha sido reemplazada por minifundios electorales, al frente de los cuales se encuentran los propietarios de los votos que hoy no tienen contenido programático sino valor constante y sonante. Y si no se quiere correr riesgo hay que pactar con esos dueños de nuestra democracia aberrante, porque la realmente participativa y también la representativa se han quedado escritas en el papel.

Ese es el desolador espectro de nuestro país político en esta difícil coyontura nacional. Los esfuerzos que se hicieron en el pasado para ponerle orden a nuestras organizaciones fracasaron.

En la Constitución de 1991 se negó el artículo que exigía que los partidos políticos debían darse una organización interna democrática. De esa negativa surgió el caos porque se le extendió patente de corso a la indisciplina y a los mercaderes electorales que han hecho de la política prospera feria.

Ninguna candidatura para el Senado o para la Cámara de Representantes no vale menos de doscientos millones de pesos, cálculo que vuelve impensante en departamentos como el Chocó donde la cotización electoral ha llegado a cifras mucho más escandalosas, lo propio puede decirse de las candidaturas a gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos que hacen parte de la vergonzosa cadena de ese oprobioso carrusel político.

Uno de los valores intangibles de nuestra democracia era la mística partidista alrededor de la personalidad de los dirigentes y de los principios; ahora todo se ha trastocado.

La posibilidad de ser elegido es directamente proporsional a la capacidad de inversión del aspirante y al papel que desempeña el intermediario en la bolsa de la corrupción entre el candidato y los electores, porque para ser elegido en este amplio mercado se necesita mucho dinero y no propiamente prestigio.

La tan cacareada "seguridad democrática" del presidente Uribe, según la enciclopedia Wikipedia es el "cesarismo democrático", que consiste en un sistema de gobierno centrado en la autoridad suprema de un jefe militarista y en la fe de sus capacidades personales, a los que se le atribuyen rasgos heroicos. Estos líderes surgen en momentos de inflexión política y se presentan como alternativa para regenerar la sociedad o conjurar hipotéticos peligros internos o externos, este tipo de gobierno suele presentar elementos de culto a la personalidad. En este gobierno, para los seguidores del presidente, su personalidad es imaculada. ¡Una democracia así no es viable!

   

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