Edición No. 1224. Quibdó, julio 12 a 18 de 2019

Editorial

Ecos del abandono

La Conferencia Episcopal, realizada la semana anterior, expuso ante los ojos del país la tragedia humanitaria que agobia al Chocó, principalmente a las comunidades rurales indígenas y afrodescendientes. El evento logró visibilizar la terrible situación de miseria que azota al departamento, donde la pobreza cubre al 63,1 % de la población.

Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó, hizo un llamado al gobierno nacional, a los dirigentes locales y los empresarios a luchar contra la corrupción y la inequidad social y económica que vive el departamento del Chocó.

Según el prelado, Chocó tiene los peores indicadores eco¬nómicos a nivel nacional, tanto así que en mayo del 2018 se emitió el decreto 749, por el cual se crea la Comisión Intersectorial para el Departamento del Chocó y que reconoce que en ese departamento hay una crisis humanitaria, económica, social y ambiental.

“Desafortunadamente, no se ha ejecutado lo que está planteado allí que es atender esta crisis. Hago un llamado al gobierno nacional, a los gobiernos departamental y local para que se unan en torno a este clamor de la sociedad civil y se puedan resolver los problemas que siempre se han postergado y que no han permitido que el Chocó goce de todo lo que le está aportando al país”, afirmó el prelado.

Para monseñor Barreto, la crisis económica que hoy vive el departamento se recrudece debido a la corrupción. “A esa situación de desigualdad se ha llegado porque falta compro-miso del sector empresarial, de los dirigentes gubernamentales para acabar con la corrupción que se da en todo el país y afecta al departamento del Chocó. La corrupción como ha dicho el Papa Francisco, es un cáncer y es un virus que va destruyendo a las personas y a las sociedades”.

También ratificó que para terminar con estas desigualdades es muy importante contar con políticas públicas que planteen soluciones estructurales y que el sector empresarial se comprometa más con su responsabilidad social.

“En Colombia hay mucha riqueza, pero el dinero y los bienes están en los bolsillos de unos pocos. El sector financiero está absolutamente enriquecido, pero el pueblo colombiano está empobrecido”.

Por último, monseñor Barreto consideró que en el actual Plan de Desarrollo hay falencias, y que no garantiza que Colombia deje de ser el tercer país más desigual del mundo. “Debemos empeñarnos en un país diferente, en un país solidario, en un país que deje la economía excluyente y que permita que los que tienen el mayor capital sean más generosos, sean más solidarios y podamos tener acceso al bien común que es a lo que aspiramos desde la doctrina del bien común de la Iglesia”.

En el Chocó la atención en salud es pírrica; muy pocas comunidades cuentan con centros de salud dignos y los pocos que existen carecen de dotación.

El tema educativo se desarrolla en un panorama bastante complejo. La baja calidad educativa y el analfabetismo siguen estando en primer plano. La infraestructura física de los establecimientos educativos es paupérrima; es evidente el deterioro de techos, pisos y paredes. Quizá eso explique en parte la deserción de los estudiantes y ese abultado número de iletrados que deambulan en las zonas rurales.

La incursión caótica de la minería informal trajo consigo la contaminación de las fuentes hídricas con mercurio, tala del bosque y erosión de los terrenos aptos para la siembra, lo que ha puesto en grave riesgo la seguridad alimentaria. Las vías de penetración, interconexión eléctrica, incentivo a la producción agrícola, infraestructura escolar y hospitalaria, entre otras necesidades, son anhelos imperiosos de una tierra resignada a la ausencia del Estado y al desprecio de la Colombia central.